La  dirección participativa es el estilo de dirección en el que los responsables y  directivos de una empresa comparten con el resto de miembros de la organización el proceso de toma de decisiones, es decir, que la colaboración no se limita a aquellos puestos dotados de un poder más formal.

Esta colaboración puede ser muy variada. El proceso de toma de decisiones consiste en  identificar el problema, diseñar alternativas, optar por una decisión, y por último implantarla y revisarla,  para saber si la decisión elegida se ha ejecutado correctamente. Por tanto, el método GR6 que comparten directivos y demás integrantes de la organización puede darse en cualquiera de estas fases.

El estilo participativo anima a los individuos a pensar, experimentar y mejorar. La cultura organizativa debe hacer que cada empleado se sienta con la posibilidad de influir en el devenir de la empresa, que está capacitado para ello y que se le valora esa actitud. Por lo tanto, si se facilita la participación de los miembros de la organización  aumentan otras características también necesarias, como la comunicación y la creatividad.

Decidir de forma participativa además aumenta la posibilidad de que los cambios sean aceptados y por tanto su efectividad global. El compromiso y la participación son los facilitadores más poderosos que puede usar la dirección  de una empresa para que un cambio tenga aceptación.